Zuzanna Janasik habla siempre por los codos.

Noche de otoño, pasadas las diez. Yo de pie, sobre la mesa de mi habitación, tratando de

adornar las paredes blancas y vacías de la misma. Ella, a mis espaldas, sentada en una silla, con un albornoz puesto y cubierta hasta el cuello para no empeorar su resfriado.

– Do you want me to read you another poem? This one is from the same Polish author that I read you before. She is just incredible.

Podría decirse que a Zuzanna Janasik la lectura la ha salvado. Te lo dice ella misma, cuando le preguntas, asombrada, el cómo de su mentalidad habiéndose criado en una sociedad tan cerrada.

– I guess that I have read a lot.

Te lo suelta sin darle apenas importancia, mientras te alcanza el celo que le has pedido y te dice que desde abajo la fotografía que estás colgando se ve algo torcida. Te lo dice sin reparar apenas en como en realidad es cierto: que los libros hicieron que entendiera que había otras formas de vida posible, que la realidad podía ser de otro modo, distinta a aquella que la golpeaba cada día. La palabra, y su poder universal y sanador.

– Devi mettere la fotografia più bassa, se non sta tropo alta e non si vede così bene.

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(…) Porque Zuzanna Janasik habla siempre de su familia. De su padre, como la figura presente con la que sin embargo apenas habla por teléfono. De su madre, como la persona conflictiva con la que en cambio habla cada día. Y de sus hermanos, con ese nosequé de protección que caracteriza siempre el discurso del primogénito.

A sus abuelos, en cambio, no los menciona; si escarbas te explica que cuando era pequeña perdió a esos segundos padres de golpe en un accidente de tráfico. Un día estaba con ellos y al día siguiente nada, desaparecieron. La felicidad inmensa que sentía con ellos transformada de golpe en un puñado de cenizas. Un punto en su historia prohibido, inhabitable. Un cajón cerrado con llave. Un tema que no visita por todo el dolor que en ella implica.

– Voi, gli spagnoli siete tropo diversi da noi con il tema delle emozione, sai? Noi mai mostriamo le cose che sentiamo perche impariamo da piccoli a metere una “faccia di Poker” per tutte le situazione possibile.

Y por eso, con el tiempo y la convivencia, terminas aprendiendo a leer sus gestos. Que cuando parpadea con los dos ojos se siente verdaderamente feliz. Que cuando mira hacia abajo hay que cambiar de tema. Que cuando permanece callada algo la quema dentro, porque Zuzanna Janasik habla siempre por los codos, así que cuando reina, el silencio habla por sí solo.

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– Cosa ne pensi delle fotografie?

Y ella mira la pared, ladeando la cabeza, y piensa por un instante antes de sugerir un cambio entre dos imágenes.

– The color fits better if you change them, you know?.

Porque Zuzanna Janasik se fija en los detalles. Y te despierta cada día con un sonoro “Buongiorno principessa!”. Y se ríe a carcajadas siempre que le cuentas alguna de tus estúpidas historias de amor. Y te suelta un “si es que para mí eres una hermana” entre un pelotón de palabras, como si tal cosa, sin pararse a darse cuenta del efecto que en ti la frase provoca. Porque Zuzanna Janasik habla siempre por los codos, y a veces es incapaz de detenerse, por un segundo siquiera, en el mensaje que acaba de decirte.

Zuzanna Janasik hace un Erasmus en Padova por segundo año y tiene, desde hace exactamente un mes, 23 años. Toma apuntes en un cuaderno de tapas negras y gruesas y tiene hambre a todas horas. El café es el mayor de sus vicios, pero ahora se ha pasado al descafeinado porque desde que está resfriada cuida más su salud. Es incapaz de decir que no y dice que es mala tomando decisiones. Adora viajar, el té caliente y las conversaciones.  Estudia Derecho pero odia les leyes: su pasión se encuentra en el mundo de las letras que expresan y no de aquellas que describen reglas. Pronuncia mi nombre con el acento en la sílaba errónea y prefiere a Hércules Poirot antes que a Sherlock Holmes. Equivocada ella. Cuando le cuentas un problema te salta siempre con una cita, de Dickens, de Oscar Wilde, de Mark Twin… o te habla del estoicismo y de su filosofía para ser feliz, o te remite a algún artículo perdido que ha leído recientemente en un blog cualquiera de internet.

– Does it happen to you that when you feel happy other happy memories come into your mind?

Yo ni siquiera la miro. Sigo absorta, de pie, en la mesa, tratando de colocar la última fotografía sobre la pared blanca y ya no vacía de mi habitación. Le dedico un por-qué-dices-eso sin girarme si quiera.

– Because I was thinking about my grandmother.

Me detengo un segundo, mientras asimilo la frase. El tema inhabitado que aparece de pronto. El cajón cerrado que abre un resquicio. Sigo sin girarme pero mi mente ya no está en la pared, sino con ella. La realidad explota de pronto, la calidez de su mensaje me estalla dentro. Ella sigue y sigue hablando, porque Zuzanna Janasik habla siempre por los codos. Yo la interrumpo.

– You mean you are that happy now?

Me asiente y parpadea con los dos ojos. Suelta un thank you inmerecido y se levanta para irse a la cama “because Ines – dice, poniendo el acento de mi nombre en la sílaba errónea – we had said that we will be sleeping at 23.15 and it is almost midnight!”.

– Buonanotte, bella! – me grita desde su cuarto.

Y yo respondo pensativa, apagando la luz de la mesilla, mientras dedico la última mirada a la pared de mi cuarto, ya decorada y llena de vida.

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– Inés – 

 

*Mérito de la foto de Federico 🙂 

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