Siempre he sentido que el principal problema del mundo es que el bien no hace ruido. Que el mal es noticia mientras que el bien, que domina, existe en silencio. Invisible. Tímido. Inadvertido. Imperceptible entre gritos y amenazas. Enterrado entre relámpagos y guerras.

– Benvenuti al concerto di Natale del coro Erasmus.

Nos sentamos en sexta fila. Compruebo que tengo el móvil en silencio. Miro a derecha e izquierda. El holandés y sus ojos claros. La polaca que los guiña cuando está alegre. El catalán que se ríe en voz alta. La rusa que murmura en italiano. La armenia que me sonríe con su bufanda de cuadros.

– El concierto tendrá lugar en esta sala, conocida como la “Sala dei Giganti”, del Palazzo Liviano de Padova. ¿Se han fijado en la puerta, antes de entrar? Tiene un rótulo, con letras grandes. ¿Lo han visto?

Una veintena de jóvenes vestidos de blanco y de negro. Saludan. Se presentan. Respiran hondo. La música empieza. Noche de Paz cantada en dieciocho lenguas diversas. La española, que canta con su hermana. La checa, clara y alta, que sonríe y transmite cuando toca el piano. El persa que hace un homenaje a Eric Clapton. El iraní, que llega al alma y detiene el tiempo. La marroquí que se expresa en francés y canta en árabe. Y el ruso, y el argentino, y el brasileño, que cuelan en una canción unos versos de Neruda.

– La UE debería seguir existiendo aunque fuera solo por mantener el programa Erasmus.

Se recitan varios poemas. La rusa que lee en italiano. La italiana que lee en inglés. La vietnamita que lee en su lengua materna. La belleza en unos sonidos que a tu oído no forman palabras, pero que hablan del amor y las fronteras. Y una poesía. Y otro poema. Y una chica que antes de empezar a hablar decide dedicar esos versos a Siria y a su situación de guerras.

El público, que aplaude en silencio.

-¿Se han fijado entonces? ¿En el rótulo de la puerta, en letras grandes? Pone “Pace”. Paz, en italiano. Quería destacarlo. En estos tiempos de guerras y luchas, es importante tenerlo en mente. Especialmente por vosotros, que representáis el futuro, lo que Europa será en unos años. Es importante tenerlo en mente.

Y llega el Hallelujah, un guiño a Leonard Cohen. La rusa a mi lado comienza a susurrar las letras. La polaca al otro le sigue. Un murmullo continuado en el público, apenas audible. La piel de gallina. El tiempo se para y observa la escena. La música lo invade todo. El presente en versión superlativa. Todo está conectado. Rojo sobre gris, amor.

– Si el futuro suena así – dice el director de orquesta, señalando a la chica que acaba de terminar de cantar-, nos espera uno bien bonito.

En ese momento entiendo todo.

Algo estalla en mi interior.

Comienzo a ver el mundo de otro modo.

Sonrío.

– El bien no hace ruido – me digo.

                                                                              Hace música.

-Inés-

Advertisements